-Día 17- La funesta vida de la no vida


…Muerte, la larga y funesta muerte era cuanto nos aguardaba…


El bate golpeó con fuerza de manera ascendente en plena mandíbula del errante haciendo saltar los dientes de labios desgarrados y tirándolo al suelo de bruces, otro tambaleante se acercaba por mi derecha con el paso lo más acelerado que le permitía su marchito cuerpo, se trataba de un hombre orondo de brazos cortos pero fornidos, completamente calvo y con un fino bigote que más bien parecía un camino de hormigas, caminaba con uno de los tobillos completamente doblado hacía adentro, despedía un olor nauseabundo y fuerte, tanto que te picaban los ojos con su sola presencia, uno de sus ojos estaba inyectado en sangre y el otro le colgaba de la cuenca aun agarrado a la cornea, tambaleante como un funesto péndulo.  Alargó los brazos para agarrarme pero allí estaba Geri tirando con fuerza del pantalón del podrido y restándole aun más velocidad, giré el bate para ganar algo más de impulso y esta vez le golpeé con toda la fuerza que pude concentrar en mis ya cansados brazos de arriba abajo, el cráneo se partió por la mitad como si se tratase de una sandía o un melón, cayó de rodillas antes de caer del todo al suelo con el tambaleante ojo fuera de su cuenca de sangre coagulada. Parte de la materia gris se podía desdibujar a través del cuero cabelludo y la sangre coagulada que pugnaba por manar de él.

Sin duda la infección había conseguido traspasar los muros de acero del desguace y habían transformado a los trabajadores, pues Bicho daba buena cuenta con su martillo a un joven marroquí con parte de la cara devorada hasta tal punto que se le podía ver el hueso del pómulo  y múltiples jirones de su propia carne le colgaban de la espalda. Bicho había desarrollado una buena técnica para acabar con ellos, primero los derribaba con un fuerte golpe en la rotula o simplemente empujándolos en carrera y acto seguido los remataba en el suelo. Media docena de esos Bichos yacían tendidos y definitivamente muertos a nuestro alrededor.
Nos encontrábamos en lo que parecía una larga calle de edificios hechos de vehículos apilados en estructuras metálicas o unos sobre los otros, pero todos estos vehículos no eran más que chasis, debíamos dirigirnos hacía la “tienda”
Pese a encontrarnos en pleno invierno el sol calentaba lo suficiente para que, combinado con el ejercicio físico tuviésemos  calor, me ajusté nuevamente los guantes que utilizase en mis épocas de jugador de airsoft,  limpié la sangre coagulado y los trozos de vísceras del bate con un trapo. Bicho dio una larga calada a su vaper, olía a chuchería.

 Acompañados de Geri como nuestra alarma personal llegamos a lo que debía ser la entrada principal al desguace y frente al camino delimitado por el chasis de varios vehículos se encontraba la recepción. 
Nos movimos con premura pero tratando de ser lo más silenciosos posible, cierto era que teníamos claro lo que estábamos buscando pero si éramos capaces de cargar con algo de mayor utilidad no lo dejaríamos atrás.
Había varios coches aparcados frente a la recepción, un BMW z3 de color azul oscuro, un seat Ibiza blanco, una furgoneta con el logo del desguace, un par de motos de campo y dos o tres coches más.
Llegamos rápido a la puerta de recepción, de esas viejas de aluminio, pero justo cuando puse la mano en el pomo Bicho me detuvo agarrándome del hombro e indicándome con un gesto  que observase al perro, Geri se mostraba tensó con el belfo levantado y el lomo erizado sin emitir ruido alguno pero muy fijo en la misma puerta, algo nos aguardaba al otro lado y debíamos estar preparados.  
Con un asentimiento de cabeza Bicho me indico que siguiésemos adelante, agarró el martillo y con la otra mano abrió la puerta despacio tratando de hacer el menor ruido posible, cosa que no funcionó en absoluto, la maldita puerta rozada en demasía con los rayados azulejos del suelo y nada más moverla un poco el roce con el aluminio nos hizo rechinar los dientes, ese quejido agudo que manifestase el suelo del umbral nos hizo ponernos un poco nerviosos. Ya de perdidos entre raudo en la recepción, una pequeña sala provista de un pequeño mostrador y dos puertas a su espalda, no vimos nada que se moviese pero si escuchamos lamentos agónicos tras la puerta de la izquierda, como si uno de esos seres, o varios, estuviesen tratando de abrirse paso.  Nos acercamos a la otra puerta, ambos sabíamos que daba a una especie de nave repleta de estanterías que funcionaba a modo de supermercado autoservicio con piezas de vehículos y demás mercancía que necesitábamos. Geri seguía muy tenso.
Conté hasta tres con los dedos y empujé la nueva puerta dando paso a Bicho que tras un rápido vistazo entró raudo martillo en mano. La sangre manchaba el suelo y se podían ver algunas estanterías caídas, había un par de carritos volcados con bujías y rodamientos esparcidos por doquier, neumáticos apilados y lo que parecía un coche de esos que se utilizan en los campos de golf estrellado contra otra de las estanterías, algo se movía en su interior pero lo que fuese hacía tiempo que no le latía el corazón así que decidimos no acercarnos y buscar por la nave algo que nos sirviese para viajar con Geri con mayor comodidad. Decidimos caminar por el “pasillo “central cuando un ruido metálico, como el que hace una cuchara cuando cae al suelo nos alertó nuevamente de que no estábamos solos, un nuevo roce metálico y entonces lo vimos, de un pasillo donde se veían estanterías repletas de parachoques, puertas y demás piezas de vehículos surgieron cuatro de esas mortecinas criaturas de ojos varios y labios agrietados, caminaban en un vaivén aterrador y grotesco sus ropas, la cual los identificaba como trabajadores del lugar, ahora se mostraba rasgada y manchada de sangre y vísceras, sus rostros lanzaban dentelladas sin cesar a cada paso mientras se acercaban hacía nosotros y escuchábamos el chocar de los dientes. Uno de ellos arrastraba una pala ¿sería capaz de usarla? Un ladrido nos instó a darnos la vuelta, otros tres podridos, estos clientes sin duda por los ropajes, se acercaban a nosotros desde otro de los pasillos, eran demasiados para nosotros y era algo que sabíamos así que sin dudar corrimos esquivando a los cuatro zombis de delante nuestra bordeándolos y adentrándonos por otro de los pasillos, juraría que el errante que portaba la pala la había alzado en un gesto desganado tratando de barrer la zona con ella y golpeando a otro de los no muertos que caminaban junto a él, quizás solo hubiese sido un movimiento propiciado por la inercia del giro, o ¿era posible que pudiesen utilizar herramientas, aunque fuese torpemente?
Llegamos al final del pasillo de los parachoques, las criaturas nos perseguían ávidas de nuestra sangre y carne con energías renovadas por tomar otro bocado más, otros dos caminantes se acercaban por nuestra izquierda cortándonos el paso.

-¡Corre!-le grité a Bicho avanzando hacia los dos zombis y asestando un golpe lateral con todas las fuerzas de las que fui capaz, Bicho había golpeado al podrido en la cabeza y este había caído completamente inerte, Geri nos seguía en nuestra pausada carrera pues bien sabíamos que correr sin conocimiento nos podría llevar a un fatal destino.
Tratamos de girar por el primer pasillo que encontramos para hacer un cuadrado y alejarnos lo más posible de nuestros perseguidores, como odiaba ser la presa, pero nos encontrábamos ante la zona que estaba derrumbada por estanterías caídas y otras a medio caer apoyadas a modo de “rampa”, bajo las estanterías se podía ver a varios de esos seres tratando de conseguir salir de su cautiverio forzoso, lacerándose en sus inagotables intentos la piel y la carne.
-Joder, avanzan rápido-.Me advirtió Bicho buscando alternativas.
Enfrentarnos a esos cinco podridos sin apenas espacio para separarlos sería demasiado arriesgado, si solo uno de esos bichos nos agarraba seríamos el buffet para los demás. Ambos miramos las estanterías…
-y si…-. Corrimos comenzando a subir por las estructuras derribadas trepando entre capots, retrovisores, llantas…íbamos despacio pero seguramente los zombis no fuesen capaces de trepar hasta nosotros, seguimos subiendo la montaña de “chatarra” lo más rápido que pudimos hasta que de entre esos escombros broto una mano aferrándose a mi pantalón con fuerza descomunal, inamovible. Traté de liberarme entre fuertes tirones incluso pude ver como las uñas le eran arrancadas de las manos, la estantería bajo nuestra comenzó a moverse y como si de un alud de hierro se tratase, la estructura a medio caer se cayó por completo conmigo sobre ella ya que Bicho había conseguido saltar en última instancia a la montaña de estanterías volcadas con Geri a su lado.



Un pitido ensordecedor se apodero de mis oídos, un zumbido latía entre mis ojos y cuando los abrí me encontré tirado de bruces, Bicho estaba algunos metros por encima de mi alargando la mano y gritándome algo que en ese momento no era capaz de entender, joder todo estaba ralentizado, todo estaba silenciado menos ese maldito pitido, Geri ladraba desde lo alto de la estantería. Entonces note como algo tiraba de mi, sentí como varias de esas piezas de chapa me laceraban la espalda y cuando miré hacía mis piernas pude ver como uno de esos seres, el cual estaba medio aplastado, tiraba de mi con fuerza y lanzaba dentelladas, con pesadez en mis movimientos levanté la otra pierna y comencé a darle patadas en la cara, de escasa fuerza reconozco, pues pese a que no había caído desde una gran altura varias de las piezas de los vehículos me habían golpeado y habían conseguido aturdirme,  ¿iba a morir en un maldito desguace?
-¡Vamos Alfred, Vamos espabila!-Escuché gritar a Bicho que le lanzaba todo cuanto tenía a su alcance a la criatura que trataba de alimentarse de mí, un mordisco y sería el final ¿Cómo sería la no vida?

Entonces y con un grito de rabia que nació desde lo más profundo de mi ser golpeé con fuerza en la cara a la criatura esta vez sí pude ver como el hueso de la nariz se le astillaba rasgando la fina y podrida piel, una nueva patada le dislocó la mandíbula y así seguí golpeándole hasta que pude ver sus sesos resbalar por el talón de mi bota. Pero mi pesadilla no había acabado, al caerse la estantería por completo había facilitado el “paso” a los demás zombis y no tardamos en ver como uno de nuestros captores caía inerte, como un saco de patatas a un metro escaso de mi, pugné por ponerme en pie mientras la criatura comenzaba a levantarse, la escena me recordó enormemente a uno de los video juegos de Resident Evil, comencé a intentar trepar entre los naturales asideros que me proporcionaban chapas lacerantes ¿y mi bate? Enseguida cayó otra de esas criaturas golpeando al a primera en su torpe aterrizaje, por suerte para mi, y haciendo que nuevamente cayese al suelo. Más tiempo me había sido regalado.
Bicho seguía lanzando artilugios y para ser sinceros tenía bastante puntería y por lo menos conseguida darme algo más de tiempo  el justo para poder ascender un poco más y aferrarme a su mano salvadora que me ayudase a elevarme y dejar atrás a esas criaturas en el improvisado foso de escombros y metal.
-Joder-.Mascullé cogiendo aire bastante asustado y fatigado, Bicho me puso la mano en el hombro también con el gesto contraído, cada vez teníamos más claro que un solo despiste o situación fuera de nuestro control nos podía costar la vida y aunque era algo que teníamos aprendido de las películas de Romero, del cine de zombis en general  o novelas y videojuegos parecía que cada vez se iba convirtiendo en una verdad más y más palpable.
Avanzamos trotando entre los pasillos al lado opuesto por donde habíamos entrado, había perdido mi bate y aunque no le hubiese puesto nombre como él famoso Neegan, le tenía bastante aprecio.
Pero ante nosotros y una zona más amplia de la nave se nos auguró que la suerte nos iba a comenzar a cambiar, la suerte por lo menos esta vez estaba de nuestro lado.
Nos miramos sonrientes y corrimos hacía nuestro objetivo común.
-¡Me pido piloto!-exclamó Bicho.



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