Día 17- En pos de una solución





Nos habíamos guarecido en una vieja casa a un lado de la carretera que comunicaba los Santos de la humosa con Alcalá de henares, debía llevar mucho tiempo abandonada y eso nos hizo confiarnos un poco más ya que lo único que nos recibió a nuestra llegada fue una buena amalgama de telarañas. Ocultos bajo las mantas no nos atrevimos a encender ninguna luz y mucho menos a encender algún fuego, comimos alguna lata de atún y le dimos a nuestro nuevo amigo varias salchichas, el animal se mostraba tranquilo tumbado entre Bicho y yo guarecido bajo las mantas, eso también nos brindaba a nosotros algo de tranquilidad.

Pero en mi mente, siempre activa y con cierta dificultad para alcanzar el sueño, seguían abriéndose incógnitas que me privaban del tan preciso sueño.
En primer lugar y descartando las ya habituales preocupaciones por la familia y amigos se encontraba nuestra nueva situación y nuestro nuevo acompañante. La moto que teníamos pensado utilizar hasta que fuese imposible seguir sobre ella ahora nos imposibilitaba de viajar con comodidad y por supuesto dejar atrás a nuestro nuevo compañero no era algo que ninguno de los dos hubiésemos pensado.
Salí de la calidez de las mantas, Bicho ni tan siquiera se inmuto, Geri sin embargo levantó la cabeza mirándome con sus oscuros ojos donde se podía vislumbrar un atisbo del tapetum lucidum que le permitía tener mejor visión nocturna que nosotros.

Sentí como el frió recorría mi cuerpo y mi aliento se convertía en vaho, me eché la cazadora por encima y me acerque a una de las ventanas que habíamos medio cubierto con las mochilas, abrí el bolsillo de mi desgastada mochila y saqué una cerveza, había traído pocas muy pocas a decir verdad pero hoy era uno de esos días que necesitaba acallar mi mente.
Me quede observando el exterior por nuestro improvisado mirador y abrí la cerveza dando un largo y reconstituyente trago. “Joder que bien sentaba y fría estaba un rato”
Nada se movía en el exterior o por lo menos nada que yo pudiese detectar. Miré mi reloj, las 03.06 am, ¿sería casualidad que casi siempre que miraba el reloj de madrugada fuese a la misma hora? O ¿tal vez solo era capaz de recordar esa hora en particular y lo miraba más veces? Mi viejo casio mostraba la pantalla rota por uno de los lados, el cual me impedía ver a qué día estábamos, encendí la particular luz verde amarillenta del mismo y fue entonces cuando reparé en algo que ambos habíamos olvidado.
Había pasado la navidad y ni tan siquiera nos habíamos acordado. A decir verdad no se trataba de una fecha que me gustase en demasía, las frívolas cenas de empresa y las falsas reuniones de amigos, de personas que no ves desde la anterior cena, eran cosas que ya me aburrían y abrumaban. Las navidades, en mi opinión no eran más que una fecha ideada para la falsedad pues pesé a estar sumido en la mierda de una vida monótona y sin salida, carente de sonrisas, se trataban de unas fechas de felicidad inherente donde a todo el mundo le parece bien todo y asume todo con una feliz sonrisa en los labios.

Apuré la cerveza y traté de conciliar el sueño, no le diría a Bicho lo de las navidades, no valía la pena, la verdad que Geri ofrecía bastante calor bajo la manta.
“Tranquilo amigo, encontraremos el modo de transportarte”

A la mañana siguiente me despertó Geri lamiéndome la cara, Bicho ya estaba en pie desde hacía algún tiempo al parecer y fumaba de su vaper mientras organizaba el equipo en las mochilas, pesé a hacer frió el sol entraba por los resquicios que habíamos dejado bañando la vieja casa de luminosidad, esquirlas de polvo se desdibujaban en el aire al contacto con los rayos del astro solar, siempre me había gustado ver esa imagen.
-Ya he registrado la casa por completo, lo único que he encontrado son un par de cazos de forja, cerillas y poco más-. Comento Bicho cerrando la mochila.
-Tenemos que apañar algo para que Geri pueda ir en la moto, ahora me arrepiento de no haberme comprado un sidecar en su día-.Le respondí asintiendo y llevándome una galleta a la boca, ese sería mi desayuno de hoy, debíamos guardar la mayor cantidad de alimento para cuando comenzásemos a estar más débiles, y Geri tenía que tener su ración diaria.
-Ya, le he estado dando vueltas esta mañana y quizás tendríamos que acercarnos a el desguace de aquí cerca, seguramente allí encontremos algo que nos sirva-. Respondió Bicho con la mirada perdida en las volutas de humo que el mismo iba exhalando.
Ambos sabíamos que ir al desguace podía resultar muy arriesgado pero, ¿Qué otra opción teníamos?
-OK, será mejor que vayamos ligeros, dejemos aquí las mochilas bien escondidas y pongámonos en marcha-. Le dije.
-¿Y Geri, se queda aquí o viene con nosotros?-.preguntó Bicho mirando al animal de hito en hito.
-Yo creo que debe venir, no es un camino muy largo y no iremos por la carretera iremos despacio en la moto así que puede seguirnos, dejarlo aquí podría hacer que se pusiese nervioso y ladrase y finalmente le localizasen-.
-Dabuten cabronaquer-. Me dijo cogiendo el mp3 donde se había descargado varios podcast.
-Hoy toca…-Pensó mientras los iba pasando-.Hoy me siento épico, me voy a escuchar uno del señor de los anillos-. Sonrió ajustándose un casco bajo el gorro. Yo me reí también agarré el bate de baseball y antes de abrir la puerta miramos a conciencia. Una vez en el exterior y pesé al frió el sol nos brindaba un respiro. 

Arrancamos la moto con algo de trabajo por las heladas y nos dirigimos al desguace, Geri no tardó en darnos alcance, el animal estaba perfectamente adiestrado, no ladraba y ni tan siquiera se alejaba de nosotros para olisquear, seguramente sus desarrollados sentidos le advirtiesen de peligros que para nosotros eran inexistentes.
Pese a los baches el recorrido se hizo bastante bien, y ya desde lo alto de la cuesta podíamos ver el desguace en una meseta a un lado de la carretera, había varios coches aparcados en la puerta, como de costumbre, así que posiblemente hubiese algún “vivo” dentro.
A decir verdad con las experiencias anteriores no teníamos ninguna gana de encontrarnos con nadie.
Ir por la puerta principal, la cual estaba cerrada, era demasiado arriesgado porque nos acercaba demasiado a la carretera, tendríamos que colarnos pero antes de eso ocultamos la moto lo mejor que pudimos por estos parajes áridos de la mancha utilizando algunas rama de encina, una vez que entrásemos trataríamos de introducir la moto pero mientras tanto no era una opción.

Caminamos hacia la derecha de la valla alejándonos de la carretera y con esperanza de encontrar una zona  lo suficientemente fácil para colarnos y poder colar a Geri. Apenas éramos capaces de ver bien en el interior del desguace pues pegados a las vallas se habían amontonado coches de tal modo que fuese casi imposible ver el interior, y cuando ya creíamos que tendríamos que trepar y dejar a Geri fuera Bicho vio un desperfecto en la parte baja de la valla, nos acercamos rápidamente para inspeccionar y si, se trataba de una zona bastante debilitada pues había cedido ante la mala colocación de algunos de los vehículos mal apilados. Bicho levantó lo más fuerte que pudo el lado que estaba más endeble y me arrastré sintiendo como me arañaba la espalda la parte baja de la verja, apenas tenía espacio para maniobrar ya que me encontraba en el reducido espacio entre dos amasijos de hierro que antes fuesen vehículos, Geri entró tras de mí con mayor soltura, me “acomodé” como pude  y empuje de la verja hacía afuera con las piernas, Bicho tuvo que arrastrarse también contrayendo el rostro por el dolor al sufrir algunos arañazos.
Ya estábamos dentro y bastante apretados pero acuclillados y en ocasiones arrastrándonos fuimos avanzando en aquel laberinto férreo.
De pronto Geri se detuvo ante nosotros con las orejas levantadas y la cabeza erguida, acto seguido plegó las orejas y mostró sus afilados caninos pero sin emitir ruido alguno.
¿Qué había detectado nuestro amigo cuadrúpedo?


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