El Eco de la angustia


Día 13

Hoy apenas tengo ganas de escribir, ha sido un día bastante nefasto desde que salimos del bunker esta mañana en busca de provisiones, no pensaba que acabaría teniendo que enfrentarme a un ser humano en sus plenas capacidades mentales, no sabía que tendríamos que matar a otros vivos para sobrevivir. Sabíamos que iba a ser muy difícil cuando nos vimos inmersos en este oscuro asunto, éramos conscientes de los sacrificios que tendríamos que hacer si queríamos volver a ver a nuestros seres queridos con vida, pero ingenuamente pensamos que serían sacrificios físicos no emocionales...
No seguiré escribiendo hoy tenemos mucho que hacer…

Día 14
Bicho y yo hemos hablado sobre lo sucedido, a ambos nos estalla la cabeza, pero algo que nos sigue dando una sensación de intranquilidad es que dejamos escapar a la chica de la ballesta, joder leo lo que escribo y me aterra pensar en que nos estamos convirtiendo, pero es cierto, tengo miedo a salir y que esa chica nos disparé desde cualquier sitio y acabe con nosotros, es paradójico, los humanos no somos capaces de unirnos ni tan siquiera contra un enemigo común, este mal…¿será cosa de la naturaleza para acabar con nosotros? Humanos alimentándose de humanos y ni tan siquiera descansando tras la muerte ¿es ese nuestro castigo?

Día 15

Tras dos días encerrados en el bunker habíamos recuperado fuerzas, habíamos pensado en cada una de las situaciones que habíamos vivido y habíamos decidido afrontarlas con más cojones que cabeza, no quedaba otra.
Ya nos encontrábamos ante la puerta del bunker cargados con dos grandes mochilas, sacos, agua, “armas” habían pasado quince días desde que el mundo se fuese literalmente a la mierda, los muertos campaban a sus anchas devorando a los vivos y los vivos nos matábamos entre nosotros por una lata de comida o un arma mejor, no podíamos esperar más nuestros seres queridos nos esperan. En mi caso tenía que tener más paciencia pues por proximidad sería a mi familia a los que iríamos a buscar más tarde.
Bicho se mostraba nervioso y no paraba de fumar del vaper en su mente no paraba de pensar en su hija, evidentemente también en el resto de sus familiares y amigos pero sobretodo en su hija.
Yo había recuperado un gastado walkie talkie de cuando jugaba al airsoft con mi amigo Jesús, esperaba que el también lo llevase encima y pese a ser de onda corta que en algún momento fuésemos capaces de comunicarnos. 7
Que sería de mis hermanos y hermanos, de mi madre, Bicho y yo nos miramos y con un cabeceo de determinación abrimos la puerta del bunker, si una saeta lanzada por una ballesta nos aguardaba al otro lado no podría darnos a los dos a tiempo, salimos rápidamente cerrando la primera puerta y observando a través de los barrotes de la segunda que no teníamos ningún no muerto cerca, aparentemente, así que abrimos y cerramos la segunda puerta y corrimos hacía los vehículos.
Hacía un día estupendo, las hojas de Otoño cubrían el suelo mezclando los colores ocres con los rojizos, la brisa venía algo fría y refrescante dilatando mis pulmones al respirar, casi no parecía que el infierno estuviese ocupando el espacio de la tierra.
Mientras abría camino con la moto y Bicho me seguía en la furgoneta observaba el mecer de los árboles, la caída de las hojas, observaba las aves migratorias, ojala tuviese alas, pensé. ¿Migrarían por lo que estábamos viviendo o porque verdaderamente era la época de la migración?

Le dí gas a la moto y pese a que el panorama era dantesco notaba la brisa en la cara y eso era suficiente para rehabilitarme, las urracas arrancaban trozos de carne de los cuerpos inherentes de los caídos, los córvidos degustaban cada bocado entre graznidos irritantes ¿se infectarían? Todo estaba demasiado tranquilo ¿sería la calma que precedía a la tormenta? Estaríamos preparados.


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