Día 11, ¿Instinto o Precaución?

Siempre me ha parecido que, nosotros los humanos no somos quienes debían dominar este planeta, destruimos todo cuanto está a nuestro alrededor, no respetamos ni las leyes que nosotros mismos nos impusimos. Robamos aunque no nos haga falta, comemos sin tener hambre, bebemos sin tener sed y practicamos sexo solo por el mero placer. Otros primates tambíen hacen estos actos, pero para ellos tiene una posición jerárquica, utilizan el "sexo" para comunicarse, expresarse. Para nosotros no es más que una medalla, un logro, algo de lo que presumir. No, no somos los más adecuados para "mantener" vivo este planeta, nosotros somos el cáncer que lo infesta , que se alimenta de él . ¿Qué pasaría si desapareciesemos?,nada . Era era la triste respuestas, nuestro fin no haría otra cosa que permitir la supervivencia del resto de criaturas de este planeta. ¿Debemos luchar contra la extinción? Mi instinto, un sentido que los humanos achacamos a los animales, pero que ponemos en uso solo cuando nos interesa, me dice que debemos desaparecer, pero algo me dice tambien ¿y si la madre naturaleza a creado esta plaga para que solo los dignos sobrevivan, no debo intentar que mis amigos, mi familia y yo mismo estén entre esos supervivientes? ellos si lo merecen. 


.....


Habíamos conseguido llegar hasta la farmacia, cogimos todo cuanto creímos necesario, aunque a decir verdad nos costó bastante poder acceder a ella ya que tenía la verja echada. Hicimos más ruido del deseado pero con el gato hidráulico de la furgo conseguimos reventar el cierre y colarnos no había nada con “vida” dentro, así que arramplamos con todo lo que pudimos. Inhaladores, analgésicos, vendas, gasas, crema de dientes, cepillos de dientes, tobilleras, coderas etc. Cargamos varias bolsas de basura bien llenas en la furgo, suponíamos que aún podríamos hacer bien de hueco para “asaltar” el súper.


¿Éramos los únicos supervivientes de esta zona? Cuando todo comenzó, o por lo menos cuando nosotros nos enteramos, estábamos grabando uno de nuestros programas y, aunque nos guarecimos en cuanto nos enteramos de lo sucedido esperamos que no fuese más que un bulo, como aquello de “La guerra de los mundos” que se anunció por la radio hace tanto tiempo atrás.


Al ser un día de diario nos había cogido ociosos a Bicho y a mi, este trabajaba los fines de semana yo sin embargo estaba terminando las prácticas de auxiliar veterinario, pero siempre me dejaba un día entre diario libre para poder hacer nuestro programa. Que curioso, lo que para nosotros comenzó como un juego, ocio, pura diversión ahora era la realidad, nuestro bunker nos había salvado la vida y esperábamos que pudiese ayudarnos a salvar a la de algunos más, mínimo a nuestros amigos y familiares.   


Antes de darme cuenta ya estaba en la moto otra vez con la pantalla del casco de verano levantada para tener mejor visibilidad, Bicho me seguía desde una distancia prudencial.


Ya llegamos a la carretera que conducía hacía el supermercado, yo me desviaría aquí para buscar una pendientes lo suficientemente prolongada para poder descender con la moto apagada, mientras tanto la llevaría a todo gas para atraer a las criaturas que deambulasen por la zona y despejar el camino a Bicho, y así lo hicimos.



Di una nueva calada al cigarrillo viendo como Alfred se desviaba del camino para seguir con el plan acordado.


-Suerte cabrón-


Acto seguido comencé a avanzar con la furgochurro hacía el supermercado, despacio tan despacio que a veces parecía que se pararía el vehiculo. Incluso con la ventana subida podía escuchar como Alfred revolucionaba la moto para hacer el mayor ruido posible.


Los minutos se me hicieron eternos pero tenía que esperar a lo que habíamos hablado, llegué al parking del supermercado que se accedía desde una rotonda, acerque la furgo lo más que pude a la puerta. Tomé aire y salí de la furgo con el martillo en la mano, joder yo había currado aquí y sabía que por lo menos abría siete u ocho personas, entre carniceros, pescaderos, charcuteros, los cajeros y el encargado. Hice la cosa más obvia, acercarme a la puerta de entrada pero esta no se abrió. Así que fui por la puerta de servicio mi experiencia me decía que estaría abierta ya que era la que usábamos para salir a fumar y dejé la furgo cerca, no pensaba correr riesgos innecesarios. 


Joder que asquerosamente previsibles somos las personas, estaba medio abierta, con una pequeña cuña de madera impidiendo que se cerrase, colillas y chustas infectan el cenicero. “Putos guarreras seguían con la costumbre de no limpiarlo” pensé mientras que con el mismo martillo me ayudaba para abrir la puerta mentalizándome de que algo malo iba a pasar.


Lo mismo consiguieron salir ¿no? Me dije a mi mismo mientras atravesaba el umbral, ostias estaba realmente nervioso. Caminé por el pequeño pasillo que daba a la parte trasera del almacén, puta luz de emergencia de los cojones que llevaba años dando fallo, ¿o era la luz de que estaba la cámara refrigeradora abierta? La verdad que no lo sabía pero si sabía que bañaba todo de un intermitente color anaranjado que conseguía ponerme muy nervioso, y el sonido metálico y constante de las cámaras a pleno funcionamiento, si me aparecía un Xenomorfo por uno de los tubos de ventilación o del falso techo no iba a extrañarme nada. 


Ya en el almacén vi que había sido día de “camión” como decíamos allí, un día donde recibimos los pedidos, la controlsa azul (puerta) que daba a la tienda estaba cerrada, eso era bueno porque si había “algo” en la tienda no podría entrar al almacén al menos que rasgasen la dura lona de plástico. Así que me acerque a la transpaleta eléctrica y con un palet vacío comencé a cargar las cosas que pensaba que mejor nos vendrían, pille mucha birra para este cabrón, y más si íbamos a buscar a su hermana que al parecer bebía tanto como él, así que supongo que el resto de su familia sería del estilo. Me centré en agua, conservas, productos no perecederos, leche, birra y algunos caprichos, chuches para mi niña pues tenía la esperanza de que en poco tiempo volviéramos a estar juntos. De pronto la controlsa se levantó ¿Cómo? Joder esas puertas sólo se abrían si le dabas a un botón desde el exterior y si tirabas de una cuerda desde el interior ¿podrían haber dado los errantes al botón accidentalmente? Corrí para esconderme y ganar la ventaja, flipe cuando ante mi aparecieron un chico y dos chicas “sanos” armados con bates y armas rudimentarias, cargados con mochilas y un par de monopatines. Cada una de las chicas llevaba el pelo teñido de un color, una de un verde que ya enseñaba bastante de la decoloración y la otra de un blanco antinatural, ambas con el pelo recogido de cualquier manera y cortes de pelo extravagantes, vestían como quien vive en el camino pero en sus botas había sangre y “trozos” de humanos. El chico, sería tan alto como Alfred y de una complexión similar, llevaba la cabeza casi afeitada pero un flequillo largo le caía teñido de morado por la cara. Supervivientes, si ¿pero de fiar? Joder había visto demasiado cine y series como para saber que tenía que esperar y observar, esperaba que Alfred no llegase todavía. 


¿Sabrían de mi presencia? Yo quería fiarme de ellos, su estética era lo que menos me importaba pues no distaba demasiado de Alfred o de mi mismo. ¿debía hacer caso a mi instinto? 


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