Dia 6; Alternativas

Hemos hecho una barricada improvisada en la entrada a la churrería con las mesas y sillas, los errantes se estaban acercando supongo que por el ruido que hemos hecho. Ahora que estamos encerrados en la cocina organizando lo que vamos a llevarnos en las mochilas y llenando una de las garrafas que antes encontrásemos de agua, me doy cuenta de que en esta triste y diabólica situación estoy más positivo que lo que estaría en un día cualquiera de la vida cotidiana. El hecho de que estemos preparando las mochilas con provisiones nos hace darnos cuenta de que si pensamos en salir de esta situación, ya no hablo de un futuro a largo plazo, con pensar en salir de esta cocina me sirve. 

Los errantes siguen tratando de traspasar la "barricada" que hemos hecho, escuchamos sus gemidos agónicos y viscerales al igual que sus gruñidos guturales más propios de animales que de hombres. Y es en ese mismo momento cuando ya hemos llenado las mochilas y estamos sentados en el suelo sanguinolento con el cadáver de José el churrero a nuestro lado,es cuando debemos plantearnos cual será nuestro siguiente movimiento, nuestras próxima acción. 

-En algún momento la derribarán y lo único que los separará de nosotros es esta puerta de mierda- observó Bicho mientras preparaba su vapeador.

-¿Te has fijado en lo duros que son?-le pregunté yo desviando el tema de la conversación, si iba a morir no quería estar pensando en cómo iba a hacerlo. 

-En las películas y series siempre es  "sencillo" matarlos, la gente que es devorada es por errores, cansancio y porque los atrapa un grupo numeroso pero a mi ha estado a punto de liquidarme un pobre churrero a punto de jubilarse. Cuando le acerté con el destornillador me confié, pensaba que ya estaba que ya se había acabado, joder se lo clave en la puta cabeza- Abrí un botellín de cerveza y le di un largo trago, ese sabor amargo me revitalizó. 

-Otra opción es abrir el gas y mandarlo todo a la mierda- sugirió Bicho dando una larga calada del vapeador ¿de que sabor sería? olía bastante bien la verdad. 

Estuvimos más de una hora sentados en el suelo de la cocina escuchando cómo trataban de traspasar la barricada, ni tan siquiera sabíamos cuántos eran pero si solo uno de ellos nos había presentado batalla de esa manera no quería imaginar cuando estuviésemos en inferioridad numérica. 

Me puse a dar vueltas por la cocina, no queríamos salir al pequeño salón para evitar que los errantes nos viesen a través de la barricada y duplicasen sus esfuerzos, si es que eran capaces de controlar algún tipo de acción. Revisé una vez más cada uno de los muebles, ha decir verdad José no era un tío demasiado higiénico, abrí la pequeña nevera que tenía a un lado de la cocina, lomo fresco, bacón, panceta, huevos, algo de queso...tenía el estomago completamente cerrado y aunque en ocasiones parecía que nos acostumbramos al olor de José  no era más que efímera ilusión que nos jugaba nuestro cerebro. La podredumbre cada vez se hacía notar más y el olor que salía de la boca de José era tan fuerte que habíamos decidido taparle la cabeza con un raído mandil. 

La sinfonía de alaridos y bramidos seguía metiéndose en nuestra mente haciendo que cada vez fuese más y más difícil pensar en algo. Cerré la puerta de la nevera algo asqueado y con bastante desánimo y algo se cayó de un lado de la nevera al hueco de la cocina. Bicho me miró casi recriminandome por hacer ruido pero al igual que yo se acercó para ver que era lo que se había caído, parecía un corcho de estos donde poner notas o un pequeño cuadro quizás, nos ayudamos con un cuchillo para sacar ese marco de madera, estaba completamente lleno de grasa pegajosa y polvo que ya se había formado costra, Bicho paso una bayeta por la superficie y ambos vimos el plano del bar, al parecer a José le debían de importar poco las revisiones si es que acaso llegaba alguna a la churrería. Bicho fue a soltarlo sobre la encimera pero algo le hizo frenar en su decisión y cogiéndome del hombro acercó el plano a la altura de nuestras caras. 

Durante algunos segundos no sabía qué es lo que quería mostrarme hasta que al prestar más atención al plano me di cuenta de algo que habíamos pasado por alto, en el plano, además de poner un aforo marcaba las salidas en caso de una emergencia ¿acaso esto no lo era? La entrada principal por donde Bicho y yo habíamos entrado horas antes y la salida del pequeño almacén, junto a los baños, esa típica puerta pequeña que suele poner "solo personal autorizado" ambos sonreímos ante lo absurdo de nuestra situación, llevábamos horas encerrados con un fiambre putrefacto y un grupo de errantes trataban de irrumpir en la churrería para alimentarse de nuestra carne, y teníamos la salida a escasos metros de nosotros. Cogímos nuestras mochilas, Bicho el martillo y yo decidí coger un par de cuchillos,el destornillador se quedaría en la cabeza de José por si acaso.

Salimos lentamente al salón, los zombis seguían empujando a través del cristal roto para entrar en churrería, entre el amasijo de mesas y sillas pudimos ver que no debían ser más de tres, pero no era el momento de heroicidades ni acciones de las que pudiéramos arrepentirnos, caminamos hasta la puerta de "Solo personal autorizado" Bicho agarró el pomo y giró para abrir la puerta, pero esta no se abrió al parecer estaba cerrada con llave. 

-¡Me cago en la puta macho! la llave, joder dónde estará la llave Alfred!- se enfureció Bicho golpeando  la puerta, que no cedió. 

-Espérame- le dije mientras volvía hacía la cocina observando como los errantes multiplicaban sus esfuerzos por entrar al vernos, alguna silla fue a parar al suelo por los embates de los zombis. Llegué a la cocina y me agaché al lado de José le tanteé los bolsillos y por suerte tenía un buen manojo de llaves colgado del cinturón, ese tipo de mosquetones siempre se me habían dado fatal abrirlos, me peleé con él más tiempo del que me hubiese gustado y después ya con las llaves en las manos fuí hacía la puerta donde me esperaba Bicho.

Escuchamos como otra silla caía y un chirrido bastante estrepitoso, estaban consiguiendo empujar la puerta ¡iban a entrar! le di el manojo de llaves a Bicho y preparé dos cuchillos mientras vigilaba por la esquina por si conseguían entrar. 

Estábamos empezando a ponernos nerviosos, era como la típica escena de las películas slasher cuando el "malo" va a coger a la chica indefensa y se le caen las llaves del coche en multitud de ocasiones, ahora mismo yo me sentía como esa muchacha pero un !Click¡ a mi espalda me sacó de mi tormento, joder Bicho lo había conseguido a la primera. Escuchamos otra vez el ruido de la puerta chirriando contra el suelo y como más sillas caían, abrió la puerta y casi a ciegas nos abalanzamos al exterior. Daba a un pequeño callejón con varios cubos de basura, Bicho cerró tras de nosotros mientras sentíamos como el corazón nos palpitaba en las sienes y nos temblaban las piernas.

-Joder tio a la primera eres un crack-le dije dándole un abrazo. 

-Cabrón si lo ponía en la llave- respondió riendo y no pude evitar contagiarme de su risa, ambos con el sol en el cielo y sintiendo nuevamente el aire en nuestras caras decidimos que era hora de volver al búnker pero esta vez usaríamos el coche de José, pues no queríamos que se nos hiciese de noche por el camino, pues la verdad que no sabíamos si los errantes podrían vernos o no. Cuando comenzamos a andar una mujer trató de alcanzarnos desde detrás de los contenedores abalanzándose hacía nosotros desde el suelo y arrastrándose mientras proliferaba gruñidos y una viscosa baba ocre le caía desde sus astillados dientes, por su aspecto, un delantal y un pañuelo en la cabeza era sin duda la mujer de José, la faltaba una pierna y la otra estaba partida en una dirección imposible de describir. Bicho esgrimió el martillo y yo ambos cuchillos, pero la verdad que ninguno de los dos tuvo la sangre fría de rematar a la pobre Mari Carmen de su aciago destino.

-En otro momento Mari, te devolveremos a la paz- prometió Bicho, y ambos nos giramos al unísono para ponernos a correr como alma que lleva el diablo, siempre pegados a las paredes, siempre atentos. Ya sabíamos a lo que nos enfrentabamos  

Ya ante nosotros se abrían un sinfín de alternativas que debíamos barajar.

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