Día 5; El peso de la realidad

Hemos corrido durante algo menos de una hora, eso para personas como nosotros es mucho y mientras nos detenemos a recuperar el resuello nos tiemblan las piernas y sentimos el corazón latir fervientemente en nuestra sienes, busco en mi mochila el inhalador y lo utilizo con premura, es curioso darse cuenta en ese momento que apenas podría ser capaz de sobrevivir sin este pequeño utensilio ¿podré conseguir más viendo lo que a acontecido? 

-Joder tio no paran, los veo allí lejos y no paran-decía Bicho señalando al horizonte con el martillo y volviéndose a apoyar sobre las rodillas para recuperar la respiración entrecortada. 

-Tenemos que llegar al pueblo tío, buscar algo de prensa o algo con lo que nos podamos enterar de lo que ha sucedido, tío son putos zombis, o no muertos o como quieras llamarlos y si son como los que conocemos por películas y series no se van a detener nunca-

Trataba de hablar con toda la determinación que me era posible pero debía reconocer que estaba preocupado, no ya por mi, la verdad que mi propia existencia es de esas cosas que nunca he llegado a valorar tanto por si misma como por los que te rodean, estaba preocupado por mi familia y amigos, sabía que algo malo pasaba cuando nos encerramos en el bunker, pero no imaginábamos que era el fin de la vida tal y como la conocemos. 

Bicho tambíen estaba preocupado, y aunque no lo diría podía notarlo en su mirada y en el rictus de su rostro. 

-Sigamos, tratemos de abastecernos e informarnos y después volvamos al búnker allí tendremos que planificar cual será nuestro siguiente movimiento-

Bicho comenzó a correr nuevamente a un ritmo mucho más llevadero para un asmático como yo ¿lo retrasaba? prefería no pensar en esas cosas y debía apartar esas ideas de mi cabeza y prepararnos para lo peor. Por suerte o desgracia a ambos la vida nos había demostrado con anterioridad lo dura que puede ser vivirla, seríamos capaces de seguir adelante y sobrevivir a esto. 

Ya veíamos el pueblo a lo lejos, lo único que perturbaba la visión de un día normal eran varios coches abandonadas en la mitad de la carretera por lo demás se veía como siempre, un lugar que se parecía estar a medio habitar aunque ambos sabíamos que muchas personas vivían allí y que si esas personas ahora eran zombis o lo que fuesen no iba a ser fácil movernos por el pueblo. 

Encontramos un par de garrafas de agua vacías, seguramente nos viniesen bien en algun momento. Y decidimos empezar a investigar dejando la carretera a nuestra izquierda, el bunker a varias horas a nuestra espalda, ascendimos una pequeña cuesta siempre con los ojos puestos en cada rincón cada oquedad...decidimos no mirar dentro de los coches, nuevamente el cine que habíamos devorado nos condicionaba a tomar decisiones y sin darnos cuenta utilizamos ejemplos de situaciones que habíamos visto en diferentes películas. 

Esa salmodia hereje y agónica seguía sonando sin tesón perturbando nuestro espíritu aventurero, (que ya de por si estaba bastante mermado) 

-Ahí abajo hay una churrería y al lado un pequeño puesto de prensa ¿Quieres que bajemos?- me preguntó Bicho mientras daba una larga calada a su vapeador ¿le relajaría? 

-Querer lo que es querer quiero una birra y ver una peli de tranqui, pero creo que no va a ser posible- le conteste cogiendo el destornillador de mi cinturón a lo cual él mostró una sincera sonrisa.

-Tu y la puta cerveza macho- se rió. 

-Yo primero Bicho, cúbreme tron

Ambos nos adentramos en el edificio e íbamos a comenzar a descender las escaleras cuando el dantesco espectaculo que se extendía ante nuestras perplejas miradas nos dejó paralizados. En esa angosta escalera de apenas doce peldaños eramos incapaces de observar el color del suelo ya que este mostraba cantidades sorprendentes de sangre al igual que las paredes donde se podían entrever manos desdibujadas que se habían tratado de aferrar a estas y "algo" había tirado hacía abajo de esas pobres almas. Las moscas pululaban por el lugar haciendo ya de por si más incomoda la escena que, parecía haber sido rodada por el mismísimo Rob Zombi. El olor, ese olor a carne en mal estado, a entrañas se apoderaba de ese pequeño pasillo descendente y sin duda nos hacía pensar que podía tratarse de las mismísimas escaleras que nos conducirían al infierno. 

Nos miramos con las imágenes grabadas en nuestras retinas y mentes, pero sin saber porque y casi al unísono comenzamos a descender por esos peldaños algunos resbaladizos y otros pegajosos, al final de la escalera a mano izquierda podíamos ver la entrada a la churrería, a la diestra se abría una pequeña galería donde había un par de negocios más. Yo llegué a la puerta y miré a través del cristal (roto), Bicho me protegía la espalda, sin hablar y solo con gestos abrimos la puerta hacía la churrería  el pomo estaba cubierto de sangre seca ¿porque entrar? sabíamos que necesitábamos cosas de la cocina de la churrería, tambíen hacían bocadillos y tendrían agua y refrescos, necesitábamos provisiones tantas como pudiéramos cargar y, algún cuchillo lo suficientemente grande como para poder defendernos.  

Entramos con cuidado de no resbalar el pequeño bar también mostraba rastros de sangre como si alguien se hubiese deslizado por el suelo en pos de la salvación, ambos nos agachamos para mirar por las escasas mesas (seis) que aún estaban colocadas, no había ningún torso arrastrándose hacía nosotros para devorarnos, puta imaginacion. 

A la derecha quedaba la barra y tras está la cocina nosotros nos encontrábamos en ese pequeño salón típico de estos sitios, de pronto escuchamos un ruido procedente de la cocina un ruido metálico como el que hace una sartén o una olla al caerse al suelo, pese a ser un sonido de lo más común a ambos se nos heló la sangre. Rodeamos la barra armándonos de valor y tomamos la pequeña puerta que conducía hacía la cocina, tras coger aire y mentalizarnos entramos como un comando militar pero lo único que vimos fue a "José" el dueño de la churrería sentado en el suelo apoyado en la cocina de gas con un cuchillo en la mano y varias feas heridas por todo su cuerpo, mordeduras y arañazos sin duda. 

Él nos miro y un atisbo de esperanza resplandeció en su mirada.

-Bicho- fue capaz de decir entre estertores antes de languidecer y dejar caer la cabeza a un lado de una manera que solo un ser sin vida podría hacer. Ambos no miramos, habíamos desayunado aquí alguna vez antes de ir a preparar nuestros podcast, y ahora no era más que un lugar repleto de dolor y caos. José comenzó a convulsionar, sabíamos lo que iba a pasar lo habíamos visto en infinidad de películas leído en libros y visto en videojuegos pero aun así ambos nos quedamos petrificados viendo como el cuerpo del anciano José, su rala barba cana ahora cubierta de sangre  su cuerpo nervudo de quien lleva años trabajando sin tesón volvía la "vida"...pudimos ver como su ojos, otrora marrones y normales ahora se inyectaban en sangre que la esclerótica no era capaz de contener y esa sangre semicoagulada densa de un color mucho más parduzco goteaba por sus ojos. Pero lo que verdaderamente nos hizo temblar fue el bramido que surgió de su garganta, un rugido gutural que ningún ser humano es capaz de emitir ya que nuestra modificación del hueso hioides  nos impide ese tipo de acciones, más típicas de los animales. 

José comenzó a levantarse sabíamos que había que hacer ¿podríamos hacerlo? prácticamente sin dudarlo ambos nos abalanzamos hacía el yo fuí el primero en impactarle en la cabeza con el destornillador dejandoselo clavado, pero no con suficiente fuerza como para atravesar el cráneo y el cerebro, "José" se arrojó hacía mi lanzando dentelladas tan fuertes que le hacían astillarse los dientes, yo lo sostenía del cuello para mantenerlo alejado y por suerte los arañazos se quedaron en mi cazadora vaquera con mangas de piel, apenas podía sostenerlo y los martillazos que le daba Bicho no conseguían su propósito, caí de espaldas contra la encimera, ¡que fuerza tenía! las dentelladas cada vez se acercaban más a mi rostro podía oler su fétido aliento, se parecía bastante al hedor que es capaz de segregar una mofeta, con ese regusto a "ajo" que te hace llorar los ojos.  Pero Bicho no cesaba en su intento de liberarme de la criatura, escuche un crujido y como "José" caía de lado casi arrastrándome con el al suelo, Bicho le había golpeado en la rotula rompiendo el hueso y haciéndole perder estabilidad, con una rodilla en tierra seguí empujando la cabeza del errante esta vez hacía el suelo donde el martillo de Bicho hizo su aparición golpeando en el destornillador que antes dejase a medio clavar y ahora si atravesando el cráneo de "José" nuestro churrero...

Pero la vida es así de perra y no iba a dejarnos ni un segundo de descanso para asimilar que, acabamos de "matar" lo que ya estaba muerto, algo se acercaba por el pasillo algo que gruía como lo hacía "José" algo que arrastraba los pies al caminar. Nuevamente nos miramos y Bicho me tendió la mano para ayudarme a incorporarme, cogí el cuchillo que antes hubiese usado el churrero y tome la mano de mi amigo. Salimos de la cocina...

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